mercoledì 4 aprile 2007

Un interessante articolo in spagnolo - Beda el Venerable y "De Templo Salomonis Liber"

Beda el Venerable y "De Templo Salomonis Liber"

di Eduardo Callaey

Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine; Los orígenes monásticos de la frnacmasonería (Buenos Aires; Academia de Estudios Masónicos, 2004)

Extracto del Capítulo
Beda “el Venerable”
y “El Libro acerca del Templo de Salomón”

Comentarios e información bibliográfica adicional en
www.bibliografiacallaey.blogspot.com


1 La nueva “Tierra de Promisión”

Hemos mencionado, desde el inicio de nuestro trabajo, la figura de Beda, a cuya obra consideramos la piedra angular sobre la que construirían los futuros estrategas del llamado “renacimiento carolingio”. Beda fue el gran impulsor de la tradición hebrea en Inglaterra y el norte de Europa, merced a la influencia que ejerció en Alcuino de York (York, 735 – San Martín de Tours, 804), constituido en la máxima autoridad de las escuelas del Imperio en tiempos de Carlomagno.

Su importancia en nuestro trabajo se basa en que escribió un trabajo fundamental sobre el famoso Templo de Jerusalén titulado “De Templo Salomonis Liber”, obra que se convertiría en una referencia obligada para las posteriores exégesis sobre el “Libro de los Reyes” y el “Libro de las Crónicas” (conocido antiguamente como “Paralipomenos”) llevadas a cabo por Rabano Mauro (Maguncia, 776 – Vinicellum, 856) y Walafrid Strabón (Suabia, 808 - 849). Por otra parte, y como ya hemos dicho, Beda aparece mencionado como fuente en el “M. Cooke”, junto a otros autores benedictinos.

Beda , a quien apodaron “El Venerable”, nació en Northumbria entre 672 y 673 y se crió entre monjes. Hijo de una familia originaria de la región, fue entregado por sus padres al abad del monasterio de Wearmouth a la edad de siete años, la misma en la que los hijos de los guerreros sajones eran dados a sus maestros de armas.[1]

Como bien señala Newman, Beda es considerado “el primer eclesiástico inglés en cuyos trabajos se encuentran unas pocas y aisladas alusiones al hebreo”[2]. Pese a que sus conocimientos del hebreo han sido materia de debate entre eruditos e historiadores, no hay acuerdo acerca de si el mismo se limitaba al conocimiento de las letras o si, en verdad, dominaba la gramática[3]. En su obra “De Temporum Ratione”, Beda afirma que basa su cronología en la “verdad hebrea” y, aunque no existe certeza de que tuviera la guía de algún erudito hebreo contemporáneo, Newman lo considera muy probable.[4]

Luego de permanecer algunos años en Wearmouth, se traslada al monasterio de San Pablo en Jarrow, donde sería ordenado diácono en 692 y monje en 703. Ambas abadías eran consideradas hermanas y habían sido fundadas en 674 por un noble de sangre real. Construidas en piedra “al estilo romano”, asomaban hacia el mar y dominaban los estuarios del Tyle y el Wear.

Beda transcurrió toda su vida en la abadía de Jarrow –salvo por un par de viajes que realizaría a Lindisfarne y a York- íntegramente dedicado, según sus propias palabras, a aprender y a enseñar:

“Entre la observancia de la disciplina canónica y el cuidado cotidiano de cantar dentro de la Iglesia, siempre he tenido el agrado de aprender, o bien enseñar, o bien escribir...” [5]

Su obra más renombrada, “Historia ecclesiastica gentis anglorum” –escrita en 731, cuando ya era un anciano-, describe el difícil proceso de conversión al cristianismo en Inglaterra.[6] En efecto, a diferencia de Irlanda -cuya unidad de lengua y de leyes había facilitado su integración como nación cristiana- la Britania sajona era un conjunto de reinos en constante conquista de los pueblos establecidos más allá del “Muro de Adriano”, grupos de colonos –como los denomina Peter Brown- a los que Beda definirá, por primera vez, como “gens Anglorum”.

Apenas separado por cien años de los hechos que describe, Beda logra trasmitir la particular atmósfera de la Northumbria sajona que abraza la fe cristiana. El momento de la conversión de Edwin -imaginada por Beda- en el que el monarca pone a debate de su consejo de pares la grave decisión, descripta en el segundo capítulo de su “Historia ecclesiástica”, constituye una de las más conmovedoras páginas de la literatura medieval.[7]

Para Beda, aquel pueblo -que aspiraba a conducirse como una sola nación cristiana- se establecía, poco a poco, en una nueva “Tierra de Promisión”. “...Como grupo”-dice Brown- “...eran responsables ante Dios de sus pecados, igual que lo era el pueblo de Israel...” y agrega:

“...Como ocurriera en el antiguo Israel, también entre los anglos era la conducta de los reyes la que invariablemente inclinaba la balanza del favor divino hacia el conjunto del pueblo. En los pecados más graves, el sincretismo sin paliativos y la apostasía recalcitrante, resultaba más sencillo, como ocurriera en Israel, echar la culpa a los reyes que recrearse en las complejas vacilaciones de toda una población. Del mismo modo, los breves momentos de paz y de grandeza de la que gozaron los anglos en tiempos de sus monarcas más poderosos podían achacarse a su disposición a escuchar a los obispos cristianos, muchos de los cuales eran presentados por Beda como dignos herederos de los profetas, personajes vigorosos cuya intervención en la vida cotidiana podía ser tan decisiva y misericordiosa, aunque inconstante, como la de Samuel o Elías...”[8]

Al escribir su historia de los pueblos de Inglaterra, Beda trasvasaba a la incipiente nación británica el concepto judío de “pueblo elegido”, que luego sería adoptado por la cristiandad carolingia. Lo que planteaba como una alegoría terminaría contribuyendo a la construcción de los símbolos del Imperio, sostenido por una monarquía hereditaria de derecho divino, representada por el Emperador -e inspirada en la dinastía davídica- y tutelado por los patriarcas, interlocutores e intérpretes de la voluntad de Dios (recordemos las figuras de Gad y Natán en tiempos de David) representados por el papa y los obispos.

Esta sociedad, que Beda evoca e imagina como modelo de su tiempo, encuentra en el carácter alegórico de la construcción del Templo de Salomón el ideal de aquéllos que tienen la responsabilidad de edificar la arquitectura sagrada del nuevo Imperio. La alegoría queda claramente planteada por el propio Beda cuando dice “que la construcción del tabernáculo y el templo simboliza la iglesia misma de Cristo”[9], puesto que es “...la casa de Dios, que construyó el rey Salomón en Jerusalén, como prefiguración, a imagen de la santa Iglesia Universal”[10]

Beda es consciente del carácter simbólico de lo que escribe, y así lo manifiesta. En una carta enviada a su hermano Acca, a modo de prólogo de “De Templo Salomonis Liber” le expresa:

“...me pareció bien enviar a tu santidad, para una breve lectura, esta pequeña obra que a modo de una alegoría escribí hace poco, acerca de cómo se construyó el templo de Dios, siguiendo los pasos de los grandes exegetas...”[11]


2 Los masones galos de Benedicto Biscop

No resulta extraño que Beda haya escrito un libro acerca del Templo de Salomón, si se tiene en cuenta que su vida monástica -en especial su juventud- transcurrió en medio de las construcciones de los monasterios de San Pedro de Wearmouth y San Pablo de Jarrow, los cuales por sus características y dimensiones, habían demandado ingentes esfuerzos logísticos y económicos. Es inevitable imaginar a Beda observando a cientos de albañiles galos, expertos constructores, ubicar las piedras y trabajar el mortero en los muros de las más grandes abadías de Northumbria, estableciendo un paralelo con los constructores del Templo salomónico.

Los dos monasterios habían sido fundados en 674 por Benedicto Biscop (628-690), por lo que Beda pudo ver estas construcciones desde su niñez. Biscop era un noble originario de la región, que había abrazado el monacato y que vivía con intensidad la regla benedictina. Su condición de potentado le había permitido peregrinar a Roma en seis ocasiones y reunir una gran biblioteca que viajaría desde Italia a estos monasterios sajones, así como objetos de culto, reliquias, íconos y tejidos costosos, todo ello equivalente al valor de “tres fincas rústicas”.[12]

Pero para poder erigir ambas abadías, debió traer también, desde la Galia, a maestros vidrieros y –como explica el propio Beda- “...albañiles capaces de construir para él al estilo romano que siempre había amado tanto...”[13]

La importancia de las abadías de Wearmouth y Jarrow es descripta por Brown quien apunta que:

“...ambos monasterios llegaron a albergar a más de seiscientos monjes, y su mantenimiento corría a cargo de varios miles de arrendatarios. Beda tendría acceso a más de trescientos libros, algunos de los cuales habían tenido que ver con Vivarium, el monasterio de Casiodoro. Se trataba de la biblioteca más grande reunida por aquel entonces al norte de los Alpes...”[14]

Beda creció junto con la construcción de estos complejos abaciales. Su contacto cotidiano con las obras bien pudo haber inspirado un libro sobre el Templo de Salomón.

Cabe preguntarse cuál era el origen de estos operarios, albañiles y vidrieros de los que habla el propio Beda. En principio no eran monjes, lo cual indica que nos encontramos en una etapa anterior a la organización de las asociaciones monásticas de constructores. El hecho de que Biscop debiera buscar albañiles en la Galia, es también una muestra clara de la total desaparición de los collegia fabrorum romanos en Inglaterra. Paul Naudon afirma que:
“...después de las invasiones de los Pictos, de los Anglos y de los Sajones las instituciones romanas se derrumbaron en Inglaterra. Es de pensar que los colegios, que habían tenido tanta importancia, no resistieron a esta crisis...”[15]

Aquí se plantea la apasionante cuestión de la supervivencia, en determinadas áreas del sur de Europa, de los colegios romanos. Existe una opinión aceptada en cuanto a su desaparición en las regiones al norte de Loire. Sin embargo, la Auvernia -durante siglos el centro religioso de la Galia (apunta Naudon)-, Lombardía (asiento de la legendaria corporación de los “magistri comacini”) y otras comarcas meridionales pudieron haber conservado estas instituciones hasta muy entrada la Alta Edad Media.

Según Naudon:

“...Esta supervivencia de las instituciones galo-romanas en las regiones al sur de Loire, en el valle del Ródano, del Saona y especialmente en Auvernia, regiones donde precisamente la influencia romana había sido intensa, permite deducir la de los colegios...”[16] y agrega luego “...Si este arte de construir “more-romano” se conservaba en Francia, si había numerosos obreros y si eran famosos, era porque existían asociaciones heredadas de los colegios romanos...”[17]

Durante el siglo VII, otras grandes obras arquitectónicas religiosas son construidas por arquitectos y albañiles provenientes del sur del continente, a quienes podemos considerar “romanos”. Tal es el caso de los monasterios fundados por San Agustín de Canterbury (m. 605), la iglesia de York levantada en 627 por Edwin -luego de su bautismo a manos del obispo Paulinus en una antigua iglesia de madera- y la catedral de San Andrés de Hexham, construida por San Wilfrido[18].

La ausencia de documentos acerca del carácter de las organizaciones galo-romanas, que construyeron estos edificios religiosos en tiempos de Beda, nos impide conocer cómo estaban estructuradas y cuáles eran sus tradiciones. Pero la obra de este autor nos permite aproximarnos a una época muy particular de Inglaterra, donde, precisamente, se comienza a delinear una nueva tradición y un nuevo estatus para las corporaciones de constructores. Esa nueva tradición suplantará los símbolos de la herencia clásica por otros, provenientes del Antiguo Testamento, la tradición judía y la nueva iconografía cristiana, mientras que el nuevo estatus tendrá que ver con la paulatina asimilación de estas organizaciones a la vida monástica. La construcción quedará así en manos de la Iglesia –en particular del movimiento monástico benedictino- mientras que los obispos y abades serán de aquí en más –y durante varios siglos- los grandes arquitectos.

La otra imagen que surge potente de la pluma de Beda es la de la confluencia de estos antiguos masones meridionales con estos exegetas, inspiradores de una nueva fe que se construye como un nuevo modelo universal, abrazado por toda la cristiandad. No en vano muchos documentos masónicos antiguos –tanto ingleses como franceses- atribuyen a Carlos Martel –fundador de la dinastía carolingia- el haber impulsado y protegido a los antiguos constructores en los territorios que controlaba, pues serán en definitiva los emperadores francos los que convocarán a estos monjes a Aquisgrán para organizar el espíritu y la estructura del imperio cristiano.


3 De Templo Salomonis Liber

A continuación, comentaremos algunos aspectos, significativos para nuestro trabajo de “El Libro acerca del Templo de Salomón”. Beda concibe la construcción del Templo como una alegoría – y una prefiguración- de la construcción de la Iglesia, entendida en su más amplio término universal:

“La casa de Dios que construyó el rey Salomón en Jerusalén, se realizó como prefiguración de la santa Iglesia Universal, que día a día es construida por el primero hasta por el último de los elegidos que ha de nacer al término de este mundo por la gracia del rey amante de la paz, su redentor.”[19]

El Templo de Salomón es también el símbolo de Jesucristo Hombre, mediador entre Dios y la humanidad, y lo reafirma citando al evangelista cuando escribe: “Destruid este Templo y en tres días lo reedificaré...” Luego, insiste en este símbolo del hombre como templo del “Dios Viviente” y recurre al texto de la Segunda Epístola de San Pablo a los Corintios, cuando este expresa “...No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; Porque ¿qué compañerismo tienen la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios”[20]

Para Beda, Jesús es la Piedra Angular “cimentada en el cimiento”, mientras que nosotros, somos “piedras vivas construidas sobre los cimientos de los apóstoles y los profetas, es decir, sobre el Señor mismo...”

La relación entre el Tabernáculo y el Templo de Salomón está presente a lo largo de todo el primer capítulo. Mientras que el Tabernáculo –en el que la presencia de Dios se traslada junto al pueblo en éxodo- simboliza el “exilio de la Iglesia presente” y “la expresión de los padres del Antiguo Testamento”, el Templo, en cambio, es el descanso y la felicidad futura, “la Iglesia congregada a partir de los gentiles” Esta misma relación la encontraremos luego, en los textos de Rabano Mauro, en los de Teófilo y en los propios rituales masónicos; Beda continúa:

“Se puede figurar en aquella [se refiere a la construcción del Tabernáculo] el trabajo y el exilio de la Iglesia presente, en ésta [la construcción del Templo de Salomón] el descanso y la felicidad futura. O bien, con seguridad, dado que aquella fue realizada únicamente por los hijos de Israel, y ésta por los convertidos a la religión judía y por los gentiles, en aquella pueden expresarse principalmente los padres del Antiguo Testamento y el antiguo pueblo de Dios, en ésta figuradamente la Iglesia congregada a partir de los gentiles”.[21]

El primer capítulo concluye una certera alusión al carácter de las materias que se van a tratar:

“Por lo tanto, parece adecuado que quienes hemos de tratar, con el agrado del Señor, acerca de la construcción del Templo, quienes hemos de buscar en la estructura material, la casa espiritual de Dios, digamos algunas cosas de los que trabajaron en él, quienes y de donde eran, así como de que manera fueron elaborados sus materiales. Pues el Apóstol probó que también estos encerraban enseñanzas espirituales, al decir: “todo les concernía a ellos alegóricamente y fue escrito para nosotros”.[22]

En el segundo capítulo se aborda la relación entre Hiram rey de Tiro, David y Salomón:

“Narra la Historia de los Reyes que “cuando Salomón de disponía a construir la casa para el Señor, pidió la ayuda de Hiram, rey de Tiro, que en todo momento había sido amigo de David, y que ya había comenzado a convivir en paz con el propio Salomón. Y a tal punto lo encontró dispuesto a ayudarlo en todo sin dilaciones, que le ofreció sus artesanos y maderas y oro en la medida de sus posibilidades. En compensación por estos favores, cada año Salomón le ofrecía a aquél una inmensa cantidad de coros de trigo y aceite como alimento para su casa” (III Reg. V).[23]

Nuevamente, de forma alegórica, Hiram aparece representando “de manera figurada a los creyentes de los pueblos gentiles, también una alusión de los reyes convertidos a la fe”. Los artesanos son comparados con los filósofos convertidos a la sabiduría [la nueva fe], y señalados como los nuevos guías de su pueblo. Mientras que los esclavos de Salomón son los maestros y apóstoles, los de Hiram son los “doctores de los gentiles”.

“Hiram, por otro lado, de quien sin exageración se dice que vivió excelsamente, representa de manera figurada a los creyentes de los pueblos gentiles, gloriosos por su vida tanto como por su fe. Y nada impide que Hiram, dado que era rey y ayudaba a Salomón con su apoyo real a construir la casa del Señor, sea una alusión a los reyes gentiles convertidos a la fe, con cuyo poder consta que la Iglesia muchas veces fue auxiliada, noblemente engrandecida, y mediante sus decisiones, defendida contra los herejes, los cismáticos y, sobre todo, los paganos. Por lo tanto, Salomón pidió la ayuda de Hiram para construir el Templo, ya que, cuando el Señor, al venir como hombre, ordenó construir una casa que fuera querida por él, eligió ayudantes para su obra no sólo entre los judíos, sino también entre los pueblos gentiles. Pues de cada uno de estos pueblos se proveyó de ministros de su palabra”.[24]

Luego, en el capítulo tercero, Beda nos introduce en un concepto fundamental de su obra: La construcción del Templo como una obra colectiva. En ella participan tanto judíos como gentiles, de todos los estamentos: “no había ningún sector del pueblo del que no tomara hombres”, por lo que se trata de una obra a la que todos contribuyen.

“En las siguientes líneas de este discurso místico se indica cuántos esclavos había enviado Salomón a esta obra, al decirse: “Salomón seleccionó trabajadores de toda Israel, y fueron en el plazo de quince años treinta mil hombres, y enviaba al Líbano diez mil por turno cada mes, de modo que durante dos meses estuvieran en sus casas”. De donde debe notarse, en primer lugar, que no en vano Salomón seleccionó a los trabajadores de toda Israel, y que no había ningún sector del pueblo del que no tomara hombres aptos para tal tarea, pues ciertamente ahora no deben ser seleccionados de la sola descendencia del sacerdote Aarón, sino que deben ser requeridos de toda la Iglesia, quienes basten a construir la casa del Señor, sea con su ejemplo o con sus dichos. Donde sea que fuesen encontrados, deben ser ascendidos casi a la función de doctores sin ningún favoritismo”.[25]

Menciona al rey de Tiro como un eslabón fundamental en la realización del proyecto, y a cierto artesano venido de Tiro (Hiram Abi) a quien atribuye haber “realizado toda la obra”. Por otra parte, también define el rol de Adoniram “a modo de un elevado visitador e inspector” lo cual, si se considera sus funciones en ciertos grados masónicos, resulta sorprendente.


“Y Adoniram estuvo de esta manera durante los quince años”. Y pues Adoniram, sin exageración alguna, es llamado ‘Señor mío excelso’ ¿A quién nos hace reconocer mejor que a quien imita en su nombre? Sin duda al Señor Salvador. Y Adoniram encarga a los trabajadores del Templo que con su previsión, y debidamente, se organice en qué meses irá cada uno a trabajar, en cuales nuevamente volverán a cuidar de su casa, del mismo modo que nuestro Señor y Salvador dispone con su tan habitual iluminación las mentes de los santos predicadores para decir cuándo conviene emprender con su prédica la obra de construir la Iglesia, u otras obras piadosas con su servicio; y cuándo, al contrario, sea adecuado examinar sus conciencias, como si volvieran a sus casas para inspeccionarlas, y las volvieran dignas con sus oraciones y ayunos, a modo de un elevado visitador e inspector”.[26]

El cuarto capítulo se refiere a “Con qué piedras fue hecho el templo”. El tema central, “cuadrar la piedra”, contiene una enorme riqueza desde el punto de vista del simbolismo masónico. Aquí, Beda está hablando de cómo desbastar la piedra bruta y convertirla en cúbica. Lo describe en sentido simbólico, antes que literal, y el texto habla por sí mismo:

“Mandó el rey que tomaran grandes piedras preciosas en fundamento del templo, etc. Por fundamento del templo no debe entenderse místicamente otra cosa que lo que el Apóstol expresa al decir: Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, es decir Cristo Jesús” (I Cor. III). El cual pues puede apropiadamente llamarse fundamento de la casa del Señor, pues (como dice Pedro) “no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos”. Para tal fundamento se toman piedras grandes y preciosas, pues los varones notables en obras y santidad adhieren a su Creador en familiar santidad de mente, a fin de que, cuanto más esperan en él, sean con mayor ánimo capaces de dirigir la vida de otros, lo que significa soportar la carga. Porque las piedras que se ponían como fundamento del templo para soportar todo el edificio son en verdad los apóstoles y profetas, quienes por la palabra y los sacramentos verdaderos, ya sea visiblemente ya invisiblemente, alcanzaron la sabiduría misma de Dios. Por donde también nosotros, cuya doctrina y vida nos empeñamos en imitar según nuestra medida, dice el Apóstol, estamos fundados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (Efes. II). Lo mismo en general se diga de los perfectos, que fielmente adhirieron al Señor, y con entereza aprendieron a llevar las carencias que atañen a los hermanos, a los cuales también se señala como grandes y preciosas piedras”.[27]

“A tales piedras en verdad se manda que primero se las cuadre, y así cuadradas se las ponga como fundamento. Pues todo lo que ha sido cuadrado, de cualquier manera que se lo tumbe, siempre queda firme. A cuya imagen se asimilan espléndidamente los corazones de los elegidos, quienes han aprendido tanto a mantenerse firmemente en la fe, que por ninguna adversidad aveniente, ni siquiera la muerte misma, pueden ser apartados de la rectitud de su estado… Por eso de estas grandes piedras preciosas bien se dice: “las que desbastaron los albañiles de Salomón y los albañiles de Hiram”. Se labran pues las piedras preciosas, cuando algunos elegidos, por la instrucción y a instancias de los santos, abandonan todo lo que en sí tienen de nocivo e inservible, y, en presencia de su Creador, muestran sólo el imperio de la ínsita justicia, como si revelaran la forma a escuadra”.[28]

Este capítulo contiene, además, un fragmento vinculado con el origen de los canteros enviados por el rey Hiram a Salomón, provenientes de la ciudad fenicia de Guebel-Biblos de la que ya hemos hablado (ver Capítulo III).

“Por consiguiente fueron Giblis [en hebreo “giblim”] los que prepararon maderas y piedras para la construcción del edificio. Giblos es una ciudad de Fenicia, que recuerda Ezequiel, que dice: “Tus sabios, ¡oh Tiro!, se hicieron tus mandatarios, tus ancianos y prudentes Giblis”. (Ezeq. xxvi); por lo cual en Hebreo se pone Gobel o Gebel, que se traduce por definidor, o delimitador. Vocablo que adecuadamente conviene a quienes preparan los corazones de los hombres para el edificio espiritual, el cual se construye con las virtudes”.[29] (El subrayado nos pertenece).


El capítulo VIII aborda el misterio de la Cámara del Medio. Su lectura completa, frente a un Cuadro de Dibujos de Segundo Grado ofrece una visión muy interesante de la Cámara en la que se reúnen los maestros. Habla incluso de una cámara “tercera” por encima de la del medio, que puede ser observada en los antiguos cuadros de dibujo del grado de compañero. El siguiente fragmento describe la alegoría del tránsito hacia ambas cámaras:

“Por esta puerta pues ascendemos a la cámara del medio, y del medio al tercero; porque por la fe y los misterios de nuestro Redentor, ascendemos de la vida de la iglesia presente al descanso de las almas después de la muerte, y de nuevo del descanso de las almas, en el día del juicio, a la inmortalidad inclusive del cuerpo, y por un más sublime avance, ingresaremos como a un tercer cenáculo, a fin de que vivamos en felicidad perpetua. De este camino, en verdad, se habla como de invisible, de manera que sólo lo conocieran los que entrasen, a pesar de que los que estaban afuera viesen la puerta; porque es cierto que los réprobos pueden observar los actos de los fieles en esta vida, y las celebraciones de los sacramentos, pero nadie conoce los arcanos de la fe y la gracia del íntimo amor a no ser que, llevado por el Señor, ascienda por ella al reino celeste. “Quien dice conocer a Dios, y sus mandatos no cumple, mentiroso es”.[30]


El capítulo XVII es significativo por cuanto habla del “hijo de una mujer viuda de la tribu de Neftali”, sin dudas Hiram Abi, el artesano que lleva a cabo toda la obra del Templo. Nuevamente, el tirio –a quien señala como ayudante de Salomón- es mencionado como una alegoría de los “gentiles elegidos”. Llega a decir que representa a la Iglesia misma y menciona a la muerte y resurrección de Jesús como vinculada alegóricamente con este artesano. Indudablemente, todo el texto trasunta el gran esfuerzo de Beda en presentar a la “gentilidad” como legítima heredera de los padres del Antiguo Testamento. También se refiere a“los hijos de la viuda”. Se trata de un fragmento que encierra un simbolismo extraordinario: La “Iglesia” es la viuda que –luego de la muerte, resurrección y ascenso de Cristo a los cielos- encuentra en los “santos predicadores” a sus hijos. Hiram Abi asume aquí el mismo simbolismo:

“En efecto, el artesano tirio que Salomón tomó como ayudante alude a los ministros de la palabra divina, elegidos de entre los gentiles para la realización de las obras. Y era llamado artesano con toda propiedad, debido a que era el hijo de una mujer viuda del pueblo de Israel.
En esta persona suele figurarse algunas veces la Iglesia de esta vida presente, a favor de la que su héroe, Cristo sin duda, resucitó luego de haber experimentado la muerte, y a la que, mientras él ascendía a los cielos, dejó, peregrina, en la tierra. No es difícil explicar, en suma, cómo es que los hijos de esta viuda son los santos predicadores, en la medida que es evidente que todos los elegidos por su valor son los hijos de la iglesia. Incluso se nos asegura acerca de estos predicadores del nuevo testamento, de acuerdo con las palabras del profeta: “En lugar de tus padres, han nacido para ti estos hijos. Los considerarás los señores de toda la tierra”. (Salm. XLIV)[31]

A lo largo de sus veinticinco capítulos, el texto de Beda incluye otros tópicos importantes en la simbología masónica, como lo son la descripción alegórica de las columnas J. y B. y el “Mar de Bronce”.

[1] Brown, Peter, Ob. cit. p. 184.
[2] Newman, p. 32.
[3] Newman menciona al respecto los trabajos de Hody (“De Bibliorum Textibus”), Steinschneider (“Roger Bacon, Opus Minus”), y Soury (“Des Ëtudes hébraiques et exégetiques au Moyen Age chez les chrétiens d’Occident”) y dice: “Hody, quien en 1795 publicó en Oxford un trabajo titulado “De Bibliorum Textibus”, donde revisaba la lista de teólogos ingleses que en su opinión tenían conocimiento del hebreo antes de Roger Bacon, cita algunos pasajes para probar que Beda era "un hebraísta de primer orden". Este testimonio ha sido discutido por Steinschneider y otros, quienes afirman que la “Expositio Nominum”, encontrada entre los trabajos de Beda, prueba en tan poca medida como cualquier otro diccionario de nombres un conocimiento directo del hebreo. Soury señala: "Beda también parece haber aprendido de algún judío los primeros elementos de la lengua hebrea; conocía al menos la forma de las letras".
[4] Op. cit. Ibidem.
[5] Beda, “Historia Eccles. Gentis Anglorum”, lib. V, cap. 24, “Inter observantiam disciplinae regularis, et cotidianam cantandi in ecclesia curam, semper aut discere, aut docere, aut scribere dulce habui...”.
[6]Callaey, Fredegando; “Praelectiones Historiae Ecclesiaticae Aetatis Mediae et Modernae”, (Romae, Athenaeum Pontificium Urbanum de Propaganda Fide, 1959) p. 31-38 (“Praedicatio Fidei in Anglia, Hibernia et Scotia”).
[7]En uno de los pasajes, un noble toma la palabra y expresa: “...Cuando pienso, ¡oh, rey!, en el curso de nuestra vida terrena, y la comparo con aquellas épocas de las que nada sabemos, se me ocurre una imagen: una noche de invierno estás sentado ¡Oh, rey!, cenando junto con tus capitanes y tus ministros. Hay fuego encendido, la habitación está caldeada; afuera se agitan los torbellinos de la nieve. De pronto entra volando un gorrión extraviado, atraviesa la sala y vuelve a internarse en la noche. Mientras se encuentra en la habitación está a salvo del hielo invernal, pero ese instante pasa pronto y de nuevo se ve arrastrado de tempestad en tempestad. Tal me parece, ¡Oh, Señor!, la vida del hombre: ignoramos lo que fue y lo que será. Si la nueva fe nos trae una esperanza, pues bien, escuchémosla...” Hist. Eccl., lib. II, cap. 13 .
[8] Brown, Peter, Ob. cit, p. 184.
[9] Beda, TSL; 737-D.
[10] Ibid.
[11] Beda, TSL; “Epistola ad Eumdem Accam” 738-B.
[12] Brown, Peter; Ob. cit. pp. 188,189 y ss.
[13] Beda; “Incipit vita beatorum abbatum Benedicti, Ceolfridi, Eosterwini, Sigfridi, atque Hwaetberhti”, Libellus primus, 5. El texto latino dice: “Nec plusquam unius anni spatio post fundatum monasterium interiecto, Benedictus oceano transmisso Gallias petens, cementarios qui lapideam sibi aecclesiam iuxta Romanorum quem semper amabat morem facerent, postulavit, accepit, adtulit. Et tantum in operando studii prae amore beati Petri in cuius honorem faciebat exhibuit, ut intra unius anni circulum ex quo fundamenta sunt iecta, culminibus superpositis, missarum inibi solempnia celebrari videres. Proximante autem ad perfectum opere, misit legatarios Galliam, qui vitri factores, artifices videlicet Brittannis catenus incognitos, ad cancellandas aecclesiae porticumque et caenaculorum eius fenestras adducerent. Factumque est, et venerunt; nec solum opus postulatum compleverunt, sed et Anglorum ex eo gentem huiusmodi artificium nosse ac discere fecerunt; artificium nimirum vel lampadis aecclesiae claustris, vel vasorum multifariis usibus non ignobiliter aptum”. Se puede consultar también la traducción inglesa de D. H. Farmer (Harmondworth, Penguin, 1983).
[14]Brown, Peter, Ob. cit. p. 189.
[15] Naudon, Origenes, p. 36.
[16] Ibid. p. 28.
[17] Ibid. p. 30.
[18] Ibid. p. 37.
[19] Beda, TSL; 737-D “Domus Dei quam aedificavit rex Salomon in Jerusalem, in figuram facta est sanctae universalis Ecclesiae, quae a primo electo usque ad ultimum, qui in fine mundi nasciturus est, quotidie per gratiam regis pacifici, sui videlicet Redemptoris, aedificatur”.
[20] 2 Co 6:14-16.
[21] Beda, TSL; 739-B.
[22] Beda, TSL; 739-C.
[23] Beda, TSL; 739-D.
[24] Beda, TSL; 740-A.
[25] Beda, TSL; 741-B.
[26] Beda, TSL; 742-B.
[27] Beda, TSL; 744-B.
[28] Beda, TSL; 744-C.
[29] Beda, TSL; 745-A.
[30] Beda, TSL; 754-A.
[31] Beda, TSL; 779-C.

2 commenti:

Eduardo Callaey ha detto...

Muy Querido Hermano:

Te agradezco la publicación de mi artículo y quisiera anuncuarte la publicación en Italia de un mi libro "L´altro impero cristiano" cometado oportunamente por la Revista Erasmo. Te adjunto el comentario:

L’altro impero Cristiano

Gli inizi sconosciuti della Massoneria, il suo collegamento segreto con i benedettini e i templari, il ruolo di questa società nella costruzione delle cattedrali e la sua evoluzione sino al XVIII secolo sono gli argomenti di «L’altro impero cristiano»), l’ultimo libro dello storico argentino della
Massoneria Eduardo R. Callaey.


Masonería cristiana
In questo libro “L´Altro Impero Cristiano, Eduardo R. Callaey tenta di addentrarsi nel mondo e nella storia della Massoneria al di là di qualsiasi mitologia. E’ un saggio storico, che abbraccia un arco di tempo che va dalle origini delle logge massoniche nel Medioevo sino al XVIII secolo e ha ricevuto una buona accoglienza in diversi settori associati a questa società segreta.
“Quello che tento di spiegare nel libro è che le prime condanne della Chiesa contro la Massoneria avvennero in un contesto politico e non clericale. In realtà, i massoni scozzesi cercavano solamente di divulgare l’idea di un Cristianísimo transnazionale per superare così le división che avevano decimato l’Europa con le guerre religiose”. Tuttavia, “nel XIX secolo le cose cambiano. A quel punto sorge una Massoneria di taglio chiaramente anticlericale. E’ il momento in cui si producono le modifiche del Grande Oriente di Francia, che abbandona, tra i propri membri, l’obbligatorietà di credere in Dio, la doctrina della trascendenza dell’anima e toglie la Bibbia dalle are delle logge che si trasformano così in altari laici”. Questo fatto è molto curioso perché, apparentemente, nel mondo ha trionfato - per lo meno pubblicamente - la corrente francese, e quella scozzese rimane ignorata, mentre - secondo Callaey - in realtà “una grande percentuale di massoni nel mondo è cristiana”.


Monaci costruttori
In questo primo libro della tetralogia Callaey esplora il nesso tra i templari e i massoni.
E ciò non è altro che l’Ordine religioso di San Benedetto, il più potente del mondo occidentale del tempo “L’Europaera stata decimata dalle invasioni barbariche - ci spiega Callaey - e un giorno appare San Benedetto da Norcia che dice che bisogna salvare ciò che si può dell’antica cultura occidentale. Sono i monaci che si mettono a copiare i libri, a salvare i pochi busti e rovine romane e si pongono a capo della costruzione di chiese nelle abbazie. In pochi sanno che, in soli 300 anni, sono state spostate più pietre che nell’intera storia d’Egitto. Sto parlando di migliaia di cattedrali, abbazie, monasteri...
E questo lavoro è stato iniziato dai benedettini” che, secondo il nostro storico, sono la vera origine germinale della Massoneria. Sino a quel momento le chiese non erano nelle città. Il trasferimento delle chiese in area urbana si verifica nel periodo gotico. “Ciò implica l’inizio della secolarizzazione del fatto religioso perché, finché non apparirono le cattedrali nel centro delle città, la gente andava nei monasteri perché lì si teneva la messa”. In questo
contesto “i benedettini svilupparono un’unità speciale di lavoro che erano le logge di costruttori. Costoro sono i primi a utilizzare in senso cerimoniale tutta la simbologia
architettonica, compreso il grembiule di pelle, e a partire da essi si sviluppa l’iconografia massonica”.

Simbolismo massonico
In effetti, ai grandi abati costruttori veniva consegnato un grembiule di pelle, che i documenti latini descrivono di “mirabile fattura” per distinguerli dall’operaio, il che significava che chi lo portava era un maestro costruttore. “Noi massoni molto spesso utilizziamo l’allegoria della pietra grezza. Per noi il profano che iniziamo è una pietra, un blocco appena estratto dalla cava. Ma il compito allegorico del massone è quello di erigere un tempio di virtù per la gloria del Grande Architetto dell’Universo.
E’ una costruzione individuale e sociale. Ogni pietra deve incastrarsi con l’altra e il lavoro del massone è quello di trasformare la pietra grezza in una pietra cubica, capace di partecipare di questa costruzione collettiva”. E sul filo di questa idea Eduardo R. Callaey fa una constatazione singolare: “Sono i benedettini che iniziano a parlare di quadrare la pietra.
Loro credevano che chi costruisce un tempio deve possedere una serie di virtù ed essere cosciente del fatto che sta innalzando un tempio. Per quadrare la pietra c’è bisogno di un compasso, una livella, un filo a piombo e di tutti gli utensili che fanno parte del simbolismo massonico”.

Frater conversus
Il problema sorge a metà dell’XI secolo, quando il movimento cluniacense, prima tappa espansiva dei benedettini guadagna dimensione e peso politico tale – Carlo Magno colloca un benedettino persino a capo di York per organizzare le scuole dell’impero - da non essere sufficienti al loro progetto. “Nella misura in cui questo processo prende piede si produce una domanda di mano d’opera a causa della quantità di monasteri e abbazie che venivano costruiti simultaneamente.
Quindi debbono inventare una figura che non esisteva: un laico annesso al monastero, senza voto di obbedienzané di castità, dato che aveva famiglia in paese, che prese il nome di frater conversus”. Questa nuova mano d’opera laica va a integrarsi sotto l’autorità delle logge benedettine di costruttori e a organizzarsi gerarchicamente. “Così nasce la differenza
tra l’apprendista e il maestro. Quest’ultimo era colui che conosceva i segreti Della costruzione, che erano una cosa molto misteriosa; la scoperta delle proporzioni, della chiave di volta, dei calcoli della tensione tra le pareti e i sordini erano patrimonio dei maestri del mestiere. Ciò coincide anche con il processo storico di formazione delle
confraternite di artigiani del Medioevo, quando essere maestro significava automaticamente
far parte di un’altra classe sociale, di un altro ceto”. I maestri quinde costituivano una corporazione molto chiusa, nelle cui confraternite non entrava un nuovo membro finché non ne moriva uno già esistente. E avevano potere politico anche nei municipi.

II senso dei segni
I benedettini, quindi, inventano i segni segreti che secondo Callaey avevano lo scopo di differenziare le loro conoscenze e di conseguenza il rango ottenuto nel loro lavoro.
“All’inizio gli apprendisti erano obbligati a portare la barba, e per quello ricevevano il nome di fratres barbati, mentre il maestro poteva radersi. Inoltre, erano obbligati a usare un segno che permetteva l’identificazione del loro rango. Quando qualcuno terminava di costruire un tempio in un luogo e si trasferiva altrove, eseguiva davanti all’abate il segno quando erano completamente soli, e questipoteva in tal modo capire se il rango dell’ultimo arrivato era quello di apprendista o di maestro”. Callaey ci svela anche una radice etimologica diversa per la parola «massone». Secondo San Isidoro di Siviglia nel suo libro Etimologie, dove è riunito tutto il sapere dell’epoca, nell’VIII secolo le impalcature venivano indicatecon il vocabolo greco machion. Questo termine sarebbe passato poi al francese come maçon e all’inglese come mason, con il significato in entrambi i casi di muratore. Ancora più interessante è ilrapporto tra i benedettini e la preparazione delle crociate e del successivo progetto templare.


Istigatori delle crociate

“Praticamente la totalità dei medievalista del XX secolo conviene sul fatto che la riconquista del Santo Sepulcro fu un progetto cluniacense anteriore alle crociate. Questi monaci non solo si recarono in pellegrinaggio in Terrasanta, ma stabilirono anche, lungo tutto il percorso, abbazie e monasteri per ospitare i pellegrini. Poterono rimanere a Gerusalemme perché Carlo Magno era arrivato a stringere un patto politico molto importante con il sultano Harun al- Rashid, meticolosamente dimenticato dall’Occidente perché ha a che vedere con l’insediamento degli ebrei nel sud della Francia.
E iniziarono a sviluppare il concetto di Milizia di Cristo addiritturaprima di Sant’Agostino. Per loro il cavaliere era quasi un monaco. Il suo scopo aveva a che vedere più con la Fede che con la guerra. E la stessa cosa accade con il fine delle crociate. Decisa da un nucleo molto ristretto di persone, nel quale uno deipersonaggi più importante era San Ugo, abate di
Cluny, l’influenza benedettina fu fondamentale nella loro concezione. E vengono ideate fattivamente, proprio come le aveva suggerite papa Gregorio, alla metà dell’XI secolo, con il proposito di riscattare i luoghi santi della cristianità”. Va attribuita ai cluniacense anche l’idea di un regno cristiano con base a Gerusalemme che avrebbe controllato tutto l’Occidente. Per dirlo con le parole di questo storico massone argentino: “sono i primi creatori di un progetto paneuropeo. Pertanto, quando Urbano II (un cluniacense) fa il suo famoso discorso, sono mature le condizioni politico-sociali per convocare una crociata pianificata al millimetro con il consenso di tre o quattro nobili europei, tra i quali si distingue Goffredo di Bouillon”.
Gli studi di Eduardo R. Callaey su questo personaggio sono rivelatori, specialmente per ciò che riguarda la fondazione dell’Ordine di Santa Maria del Monte Sion a Gerusalemme e i suoi rapporti con dei misteriosi monaci calabresi, anche loro cluniacensi, che apportarono materiale logistico alle crociate. “Il processo storico che porta alle crociate coincide con l’auge delle costruzioni romaniche e gotiche. Ragion per cui possiamo affermare che i benedettini - con i loro masón laici (i fratelli conversi) – e i templari coesistettero nella
stessa epoca sotto una regola simile e un’organizzazione di tale grandezza che sembra assurdo pensare che non vi sia stato uno spirito comune tra loro”.
Allo stesso modo, per questo massone argentino, “la storia della Frammassoneria non è completa se non si considera il movimento cluniacense e la storia del Tempio non si risolve né si spiega senza il movimento cistercense. In entrambi i casi sullo sfondo si staglia lo spirito benedettino, l’influenza dei suoi potenti abatie una spiritualità che esce dal chiostro
per penetrare profondamente nel secolare.
Non può essere evitato qui il marchio perfetto della triade massonica della Sapienza, Forza e Bellezza. I tre principi essenziali della Frammassoneria”.

Ofiuco ha detto...

Muchas Gratias Dr. Calley